Einsten: “Lo más difícil de entender en el mundo es el impuesto sobre la renta.”

Einsten y el la declaración de Renta

Lo más difícil de entender en el mundo es el impuesto sobre la renta.

Si esa frase fuese mía, mi carrera profesional estaría acabada, afortunadamente para mí es de Albert Einsten.

Esta introducción es simplemente para poner de relieve que la Imposición es la parte en que las Administraciones Públicas más nos afectan a nivel personal y que no es sencilla de cumplir. Y no debería ser así. Por su puesto tiene su lógica ya que es la que afecta directamente a nuestra capacidad económica. Y si no es por ello, sí que hay un temor a las consecuencias de no conocer el procedimiento tributario, las diversas leyes y normas, por las consecuencias directas en nuestro bolsillo si no hacemos correctamente ( y aquí un matiz, correctamente según la interpretación de Hacienda que no siempre es la misma que los Tribunales ).

Hay una parte tan importante como esta, y como, cuando, para qué, en quien se gasta desde las Administraciones Públicas. Recaudar es importante, pero solamente si hay una necesidad previa claramente justificada, un control sobre ese gasto, unos responsables públicos honrados y eficientes, etc.

Centrémonos pues en el objeto de este artículo que es la Presión fiscal española, sin olvidar que previamente ya tenemos  la “presión” previa para entender como cumplir correctamente con Hacienda ( Einsten dixit )

Antes de nada una breve introducción sobre la estructuración impositiva.

Dentro de los ingresos que el Estado y otras Administraciones Públicas obtienen para financiar las necesidades públicas, destacan los tributos, que son prestaciones dinerarias que los ciudadanos están obligados a pagar por ley. A su vez, éstos se clasifican en tasas, contribuciones especiales e impuestos. Los impuestos son los tributos más importantes, pues es a través de ellos es como se obtienen la mayoría de los ingresos.

La presión fiscal suele definirse como el conjunto de los impuestos y cotizaciones sociales recaudados durante un año, expresados como proporción del PIB del mismo año.

España es uno de los países que  lidera el aumento de la presión fiscal sobre las rentas del trabajo registrado en 2012 según informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), es la organización que mide qué porcentaje del coste laboral total representan el IRPF y las cotizaciones sociales que asume el empleado y el empresario.

En ningún otro país de la OCDE se registró un incremento superior. De hecho, sólo los trabajadores polacos sufrieron, al igual que los españoles, un aumento fiscal.

En cualquier caso, la suma de impuestos y cotizaciones son superiores en Bélgica, Francia, Alemania, Hungría, Austria, Italia, Suecia, Finlandia, República Checa, Eslovenia y Grecia.

Australia, Dinamarca, España, Italia, Irlanda y Portugal fueron los únicos países que optaron en 2012 por elevar el IRPF que soportan los trabajadores.

Concretamente, en España, la presión fiscal ha crecido un 115% desde 1965. Y llegó a subir un 153% en 2007. No solo fueron los ciudadanos y empresas que crecieron por encima de sus posibilidades, sino también el Gobierno, y de forma desordenada y caótica. Por ejemplo, con la peor tasa de desempleo de la OCDE, nuestro Gobierno es de los que más castiga la creación de trabajo con impuestos penalizando consumo de alcohol, tabaco o gasolina.

Algunos apuntes sobre los Impuestos en otros países:

El impuesto de patrimonio se ha  eliminado en la mayor parte de países desarrollados. En la actualidad sólo Francia y la India lo mantienen.

 El impuesto sobre donaciones y sucesiones se mantiene en la mayor parte de la UE, aunque con diferencias entre países. En el caso español, la OCDE aconseja deshacerse de la incertidumbre que existe entre diversas CC.AA.; sobre todo en lo relativo a las empresas familiares.

En el impuesto sobre sociedades hay margen de maniobra, este impuesto es de los más altos de Europa, un 30%; frente a la media del 22,5% europea, aunque comparado con EE.UU. y los emergentes es claramente inferior.

Por último está el caso del IVA, un impuesto que a pesar de haberse incrementado en el último año, aun es inferior a la media de la UE.

 Indudablemente, el aumento que ha experimentado la presión fiscal en España durante las tres últimas décadas ha permitido financiar el proceso de modernización y desarrollo de nuestro país, alineándose con los estándares medios de los países europeos. La necesidad de fortalecer Europa probablemente elevará las exigencias para alcanzar una progresiva unificación fiscal, tanto en el campo de la imposición indirecta como en el de la directa, por lo que, una vez alcanzada la tan ansiada reactivación económica y el restablecimiento de la senda de crecimiento, es de esperar que en los próximos años asistamos a un aumento de la presión fiscal española.

La conclusión a la vista de los datos es clara: el esfuerzo fiscal no está recayendo en todos por igual. La “práctica totalidad” del aumento de la presión fiscal ha recaído en las familias, ya que las empresas han disminuido su aportación. Ahora  aportan prácticamente lo mismo que antes de la crisis, pese a la continua pérdida de poder adquisitivo.

 

La reducción de la brecha fiscal sobre los salarios y la rebaja de impuestos a las empresas sin duda podrían contribuir a mejorar la competitividad y la capacidad de contratación, generando mayor crecimiento económico y mayor recaudación. Es decir, bajando los impuestos se garantizaría una mayor recaudación.

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